sábado , diciembre 14 2019
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¿Cómo reaccionaría usted?

Por Ángel Verdugo

Un efecto de la apertura y la incorporación relativamente reciente a la globalidad de algunos países, es la propensión compulsiva de no pocos de sus habitantes a la comparación —mecánica, carente de sustento— que suelen hacer entre lo que sucede en su país y las reacciones que provocan esos acontecimientos, con la respuesta que a hechos similares se registra en otros países.

Las más de las veces, la comparación se hace con datos de países cuyo nivel de desarrollo es muy diferente; no sólo en lo económico sino también en lo político y específicamente, en lo que tiene que ver con la vigencia del Estado de derecho y el respeto de la ley así como de su cultura democrática.

¿Qué explica esa propensión a compararnos con países frente a los cuales, antes de siquiera hacerlo, se sabe que estamos muy atrás de ellos en casi todos los aspectos de la vida nacional? Es más, ¿por qué insistir, una y otra vez —en esa conducta casi masoquista—, en hacer comparaciones fuera de toda lógica?

Si bien es comprensible tomar como referente en uno u otro tema o problema los avances sorprendentes que en otro país han logrado, no lo es en modo alguno plantear metas y objetivos que son, en el corto plazo, a todas luces inalcanzables sin antes realizar un proceso de ajustes estructurales en la economía y la actualización —urgente por donde se vea— del andamiaje jurídico que data, en algunas leyes y normas, de hace más de un siglo.

Ante lo que afirmo alguien podría preguntar, ¿ante quién compararnos entonces? ¿Lo correcto sería no tomar a los países nórdicos como meta a alcanzar en el cortísimo plazo, y sí los niveles de países africanos, por ejemplo? En ambos casos, obviamente, las comparaciones serían, además de absurdas, inútiles.

Por ello, lo primero que deberíamos buscar —al intentar hacer una comparación—, sería obtener conclusiones útiles y por lo tanto, lógicas y factibles de ser tomadas en cuenta para mejorar lo que en nuestro país se ve hoy, débil o atrasado frente a aquél con el que nos comparamos.

Luego, más allá de comparaciones de una ligereza que espanta, se elaboran juicios que prácticamente no toman en cuenta en modo alguno las diferencias en el nivel de desarrollo entre los países comparados y, menos aún el nivel de desarrollo democrático y de institucionalidad.

¿A qué vienen los párrafos anteriores? Al espectáculo grotesco —a veces chusco— de nuestras opiniones y posiciones en relación con los sucesos registrados en Bolivia desde, prácticamente el día mismo de la más reciente elección presidencial. Estos juicios, casi absolutos, son hechos las más de las veces por quienes carecen de toda idea de qué país es Bolivia.

Si usted dudare de esto que afirmo, le pediría un favor en aras de la obligada objetividad y el conocimiento mínimo para estar en condiciones de emitir una opinión medianamente sustentada en datos duros. A quienes opinan de manera contundente sobre lo que sucedió con Morales y su asilo en México, pregúnteles acerca de la población de Bolivia, los grupos sociales principales y el nivel de educación promedio y sobre todo, el nivel de cultura democrática.

Por si algo hiciere falta para evidenciar la ignorancia de los que emiten sin seriedad alguna, juicios absolutos y realizan comparaciones rayanas (Cercano, con semejanza que se aproxima a igualdad) en el más grande de los absurdos, pregúnteles si tanto avance del cual hablan en defensa de Morales, redujo la producción de hoja de coca durante los 14 años que gobernó.

Por otra parte, ¿qué piensa usted dirían de nosotros, los que nos juzgaren con la misma ligereza e irresponsabilidad intelectual de los que hoy lo hacen en relación con los sucesos recientes en Bolivia, si aquí hubiese sucedido lo mismo?

¿Imagina los juicios que en países más modernos y democráticos que el nuestro expresarían de México y de nosotros, los que nada supieren de los mexicanos y de nuestra debilísima institucionalidad, menos de la gobernación llevada a cabo por este gobierno y por quien lo encabeza? ¿Imagina lo que se diría si, ante manifestaciones de millones en todo el país gritando ¡basta!, los altos mandos de las Fuerzas Armadas le sugirieren renunciar al Presidente? ¿Cómo reaccionaría usted? ¿Le molestaría que expresaren juicios alejados de la realidad mexicana?

¿Qué piensa dicen hoy, no pocos bolivianos de lo que aquí se expresa, sin el menor conocimiento de su realidad?Información Excelsior.com.mx

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