sábado , diciembre 14 2019
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La realidad ya toca a nuestras puertas

Por Ángel Verdugo

Hace unos días, López sostuvo una reunión con diputados y senadores de Morena, y algunos pertenecientes a los partidos afines que a ellos se han unido en ambas Cámaras del Congreso de la Unión. A la fecha, de acuerdo con las filtraciones que de inmediato surgieron como consecuencia del desastroso final de dicha reunión, es posible elaborar una conclusión la cual resumo así: la Realidad (así, con mayúscula), ya toca a nuestras puertas.

Por otra parte, una idea profundamente arraigada entre gobernantes cuyas inclinaciones autoritarias y/o francamente dictatoriales son más que evidentes es, no otra, pensar (y actuar en consecuencia) que pueden dominar a su antojo la realidad económica y política del país que les ha tocado en suerte gobernar.

Es de tal magnitud su megalomanía (manía o delirio de grandezas), que desde los primeros días de su encargo —hayan llegado a él mediante vías democráticas o no—, hacen suya esa idea descabellada de que pueden controlar a su arbitrio la realidad. Sin embargo, ante las primeras evidencias de la llegada de aquélla, lejos de rectificar se empecinan en continuar por la misma ruta equivocada y mantener las mismas posiciones y visión las cuales, están a años luz de la realidad.

América Latina, deberíamos apenarnos, cuenta entre quienes han gobernado alguno de sus países, con personajes tan destacados en esa locura como los Castro, Perón, los Kirchner —ya de vuelta la viuda—, Luiz Inácio Da Silva y Dilma Rousseff, Correa —hoy de capa caída con decenas de juicios que debería enfrentar en vez de lanzar bravatas sin sentido alguno—, Chávez y Maduro, Somoza y Ortega y su esposa y Morales, entre muchos otros.

Aquí en México, aunque usted lo dude, hemos contribuido a engrosar esa lista; desde Cárdenas, pasando por Echeverría y López Portillo y Salinas para llegar al actual, López, y uno que otro que por ahí se me hubiera escapado, todos han demostrado —sin la menor rectificación y sin esfuerzo autocrítico alguno—, querer controlar a su antojo la realidad.

Sin embargo, la realidad —aquí, allá y acullá—, siempre ha terminado por demostrar, inobjetable y contundentemente, que con ella hay que andarse con el mayor de los cuidados. Siempre termina por aparecerse con su bulto de facturas por cobrar.

La propensión a dejar de lado la realidad, idea perversa tan nuestra, termina por quedar en ridículo; en este punto, por más sensato que sea el gobernante, piensa que el poder amasado es de tal magnitud que la realidad debe, obligadamente, ponerse a sus pies y declararse lista a obedecer al nuevo amo. Es en este punto, cuando la pérdida de cordura y la insania derrotan en toda la línea a la sensatez y la prudencia, y a la mesura y la madurez.

Una vez que la Realidad (sí, otra vez con mayúscula) toca a la puerta, no hay poder que la haga desistir; el gobernante, perdida ya la cordura y en camino a la insania, pierde los estribos con facilidad. Es tal su desesperación al ver que la Realidad desecha sus ideas de grandeza y poder, que toma cada señalamiento sensato de los suyos como si se tratare de la peor y más grave de las ofensas.

El país que es gobernado por alguien así, entra entonces en una espiral descendente la cual, al no detener la locura —ya a la vista de todos— del que lejos de entender y aceptar que por más poder que piensa haber amasado, la Realidad termina por imponerse, conduce entonces a su país a la debacle y el límite es, no otro que el fondo del precipicio en lo económico y en no pocas ocasiones, también en lo político.

Es aquí cuando todo puede suceder; en nuestra región hay ejemplos donde, amplios sectores de la sociedad —al ver el desastre producto de la insania del que se siente traicionado por la Realidad— impulsan cuando no exigen, salidas que están lejos de la normalidad constitucional. Estas salidas a la debacle, son la respuesta a la idea perversa de ver la Realidad como algo moldeable, a contentillo de los sueños de grandeza de quien nada entiende de lo que es gobernar. Es aquí donde muchos buscan lavarse las manos para eludir así, la responsabilidad que tienen en el desastre en el que han convertido al país.

Si leyó los párrafos anteriores, por favor responda: ¿qué país piensa que tomé como referencia para escribirlos? Para evitar alguna confusión, aclaro que fue Argentina, no México porque aquí, usted bien lo sabe, es imposible que eso suceda. ¿Verdad?. Información Excelsior.com.mx

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