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Sobre piso mojado

POr Yuriria Sierra

Desmentido del EZLN. No hay, aún, acercamiento con Andrés Manuel López Obrador para el inicio del diálogo. Tampoco hay confirmación del papa Francisco para participar en el proceso de pacificación. En cambio, hay mucho temor al interior de las oficinas del gobierno federal: algunos temen por sus salarios; otros tienen miedo sobre el futuro de sus empleados, aquellos asalariados y aquellos que cobran por honorarios; también están esos otros que se cuestionan sobre el propio futuro: ¿qué sucederá cuando la descentralización de las dependencias sea un proyecto en marcha? Muchas preguntas en tan poco tiempo. ¿Qué pasará con el NAICM? ¿La obra seguirá en marcha a pesar de que la consulta se realizará en unos meses? ¿Y si la gente decide que no? ¿Qué sucederá con lo avanzado?

Después de dos intensas semanas de noticias, de conferencias a las dos de la tarde, de reuniones maratónicas con su equipo de transición, de un encuentro con el equipo estadunidense que supo a gloria, López Obrador se fue de vacaciones, pero en activo quedó su equipo, que ha operado en total libertad y emite declaraciones que, lejos de disipar dudas, contribuye a la suma de preguntas. Fue un mal inicio de semana que el Vaticano desmintiera a Loretta Ortiz; aún más ingenuo fue que ella aclarara que lo dicho, según por el Papa, fue off the record. ¿Con ese rigor se pueden tomar decisiones? Fue un mal martes que el EZLN negara que haya intención de diálogo, como lo anunció el padre Solalinde, quien sería el puente entre el grupo zapatista y el equipo de AMLO. Dos desmentidos en dos días. Después de dos semanas de éxito mediático y, sí, también político, llegan los primeros golpes.

El furor por la victoria electoral no ha servido para que AMLO y su equipo detallen en las ambigüedades que escuchamos en campaña. Por el contrario. Sabemos que López Obrador recibirá como sueldo el 40% de lo que recibe Peña Nieto, pero al interior de la burocracia nadie sabe aún qué sucederá con la remuneración por su trabajo. Y es que, ¿cómo podrán competir las secretarías con el mercado de trabajo, si los sueldos que ofrecerá no estarán a la altura de los de la iniciativa privada? Si la limpieza de la burocracia inicia con una reducción en salarios, ¿qué nos indicará que quienes formen parte de la nómina son las personas correctas para el cargo? Con sueldos recortados, ¿cuál será el grado de profesionalización dentro del servicio público? Podemos imaginar que los altos funcionarios están de acuerdo con las modificaciones en el tabulador, pero, ¿aquellos que no lo son y a quienes ya se les informó que deberán trabajar de lunes a sábado y, mínimo, ocho horas? Más trabajo, menos sueldo. No es que se juzgue a bote pronto el plan de austeridad, pero no hay detalles de cómo ni cuál será el alcance de éste: ¿quiénes se verán afectados?, ¿cómo?, ¿qué opciones hay para minimizar el desajuste?

El proceso de pacificación está tomando forma: la ministra en retiro va por la legalización y tiene carta abierta para iniciar el debate al respecto; pero mientras se da un paso adelante, se dan dos atrás: ni el Papa ni el EZLN. Mucho anuncio, ninguna confirmación, ¿así de desorganizados?

Tampoco sabemos cómo y por qué se decidieron las nuevas locaciones de las secretarías: entendemos que será un proceso largo, pero aún no hay más que anuncios, ningún plan detallado. Tal como ocurrió en la campaña, lo que hemos visto del equipo de AMLO, y de él mismo, tras la elección, son proyectos sin desarrollo. Su victoria en las urnas los habrá deslumbrado, se habrán sentido obligados a posicionarse bajo el reflector, sin embargo, lejos de dar certidumbre, comienzan a tropezarse con las respuestas que ocasionan la ambigüedad que caracteriza el discurso. Caminar sobre piso mojado es peligroso para quien está al frente y para quienes van detrás de él. Los periodos de transición siempre son terreno resbaloso, pero creo que mal harían Andrés Manuel y todo su equipo en lastimar (así fuera poquito) el bono democrático con el que llegan al gobierno. Tal vez no sea una mala idea guardarse un poquito más, reunirse con más actores, escuchar a los expertos en los temas, tejer alianzas ahí donde no las hay, preparar muy bien los “cómos” y los “cuándos”, porque los “qués” pertenecen al terreno de campaña, pero los previos son el piso de todo ejercicio de gobierno. Información Excelsior.com.mx

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