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La soberbia

Por Yuriria Sierra

¿Cómo se puede ser la mano que toma las decisiones cuando se gobierna (o se gobernará) a un 100% completamente fragmentado? Y es que, pensemos, de ese total, la mitad no participó en la elección, el resto se partió entre los que sí le dan su voto al primer lugar y los que votan por alguien más, que podría ser el segundo, el tercero, el cuarto lugar y los que falten. Una decisión profundamente balcanizada, gracias a una democracia que no ha sido capaz de reformarse a sí misma ni de asegurar caminos y vías mucho más sólidas para generar inclusión y, sobre todo, gobernabilidad.

Si a esto todavía le sumamos el hecho de que, entre uno y otro, digamos, el número uno y dos de los participantes en una elección, la brecha de separación es mínima, a veces casi inexistente, pues llegamos al punto en que ninguno podría presumir un liderazgo incontestable.

Esto es lo que vemos hoy en el Estado de México y Coahuila. El PRI parece feliz, rebosante de alegría porque logró mantener el poder en ambos estados (a excepción de lo que digan las batallas jurídico-electorales de las próximas semanas). Y aunque la mexiquense es una elección más representativa (por el volumen de electores), en Coahuila incluso la diferencia con el segundo lugar es muchísimo menor. Poco más de un punto porcentual separa a Miguel Riquelme de Guillermo Anaya. Y aunque en el Edomex, son casi tres puntos los que separan a Del Mazo de Delfina Gómez, lo cierto es que nunca en la historia de ese bastión priista había estado tan cerca de la alternancia partidista. La infamemente famosa “maquinaria”, otrora invencible, ahora les dio solamente para ganar por una nariz.

En una democracia sana y valiente, esto nos llevaría a una segunda vuelta entre estos dos punteros. Esto llevaría a los electores a tener un espectro de elección que haría que el vencedor se hiciera así realmente con más de la mitad del apoyo total. ¿Cómo se puede gobernar cuando, en números netos, no se representa siquiera a una tercera parte de la población? ¿En verdad el PRI tiene motivos de celebración genuina? ¿En serio se atreven a asegurarse así un triunfo en la elección de 2018?

En estos años, lo que hemos visto, es un derroche de soberbia. De parte de los priistas, de los morenistas, de los perredistas, de los panistas, de todos. Del Mazo agradeció entre porras, aplausos y un evento armado como en los viejos tiempos del tricolor, cuando sus victorias en las urnas eran tres a uno. Parecía que no era el Edomex que estuvo a punto, o a casi tres puntos, de ser gobernado por Delfina Gómez. Parecía el PRI previo a la alternancia el Los Pinos, previo a las múltiples derrotas que sí ha tenido, previo a democracia, pues. Ésa que les costó el poder el 2000 se ha vuelto a presentar no tras 71 años de gobiernos ininterrumpidos: tras cinco solamente.

Será por esa soberbia que no han querido modernizarse, reformarse, acercarse a otros sectores de la sociedad. Tal vez porque su maquinaria se mueve igual que siempre, con sus mismas despensas a manera de aceite. El PRI es endogámico: no le gusta estar cerca de esos otros sectores que forman parte de la sociedad. Las derrotas del año pasado, y lo apretado de las de este domingo, son porque decidieron agotarse a sí mismos en los aplausos de la autocomplacencia. Aún creen que no tienen necesidad de nada y de nadie más: se asumen autosuficientes. Que se bastan a sí mismos para seguir siendo el Leviatán de la nación.

Pero ojo, si ésa, la soberbia del PRI es la que hoy le deja tres cerradas y cuestionables victorias, también la soberbia de AMLO es la que no facilitó al menos una contundente victoria. Siempre ha creído que él puede sólo contra todos, y que todo aquél que lo cuestiona es su enemigo, que pertenece a la “mafia en el poder”, que es un vendido o que lo quiere destruir. ¿Estaría hoy contándose una historia distinta si no hubiera mandado a la fregada al PRD hace unos años, y a Juan Zepeda hace unos meses? Pero él, siempre, solo lo “que diga su dedito”.

La soberbia es el más peligroso de los pecados: porque siempre, sin excepción, trae su carga autodestructiva disfrazada de triunfo, de victoria y de celebración. Información Excelsior.com.mx

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