Una nueva alerta por la crecida del río Bhote Koshi, en Nepal, obligó a familias a abandonar sus comunidades, mientras otros habitantes se arriesgan a regresar en busca de familiares.
La única carretera del valle del Bhote Koshi, en Nepal, quedó dividida entre dos urgencias opuestas tras una nueva alerta por la crecida del río. Mientras decenas de familias descendían a toda prisa con sus pertenencias y ganado para poner a salvo lo poco que les queda, algunos vehículos intentaban avanzar en sentido contrario, con personas decididas a llegar a las aldeas aisladas para buscar a sus familiares desaparecidos.
En uno de los tramos más castigados por el agua y lodo en Nepal, un todoterreno cargado hasta el techo descendía lentamente con colchones, bidones, sacos de ropa y tres cabras atadas en la parte trasera. Desde las ventanillas, los ocupantes sacaban medio cuerpo y agitaban los brazos para advertir a los vehículos que aún intentaban subir hacia el valle.
“¡No sigan, den la vuelta! ¡El río viene sucio y vuelve a crecer arriba!”, gritaban.
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“Hace dos días no tuvimos tiempo de reaccionar y el agua se llevó la mitad del pueblo. Hoy escuchamos el aviso de las aldeas de más arriba y metimos a los niños, lo poco que pudimos salvar y a los animales en el coche. Quienes tenemos la suerte de estar vivos y con la familia junta no nos vamos a quedar a esperar el segundo golpe”, relató Pemba Sherpa, uno de los ocupantes que fueron afectados por la avalancha en Nepal.
Sherpa hizo una breve parada en el arcén para ajustar las cuerdas que sujetaban la carga antes de continuar el descenso por la carretera cubierta de barro.
En dirección contraria, los únicos que se aventuraban por las grietas del asfalto y los tramos anegados eran pequeños turismos procedentes de otros distritos. Los conducían vecinos que llevaban dos días sin noticias de sus familiares, después de que las líneas telefónicas dejaran de funcionar y las vías secundarias quedaran bloqueadas.
“Veníamos en el coche a buscar a mi cuñado, que sigue desaparecido, pero la Policía nos ha parado y la propia gente que baja nos pide que demos la vuelta”, explicó Ramesh Khadka, después de quedar encallado en un desvío de tierra.
“Entiendo que ellos huyan porque ya tienen a los suyos consigo, pero cuando tú no sabes si tu familia está viva o muerta es imposible dar media vuelta y marcharte sin mirar”, agregó.
El cruce de ambos flujos terminó congestionando los pasos más estrechos, donde los desprendimientos habían reducido la carretera a un solo carril cubierto de fango. Los convoyes del Ejército y la Policía tuvieron que frenar el paso para organizar la salida de los civiles, mientras los helicópteros asumían los traslados urgentes y el reparto de víveres en las zonas más altas.
A lo largo del cauce, la jornada volvió a mostrar dos realidades opuestas en una misma carretera de montaña: la de quienes cargan lo poco que les queda en un vehículo para escapar del río y la de quienes avanzan hacia el peligro impulsados por la desesperación de encontrar a los suyos.
En el valle del Bhote Koshi, la nueva alerta de crecida en Nepal mantiene a las comunidades en vilo ante el temor de que el agua vuelva a desbordarse y agrave una emergencia que ya dejó pueblos parcialmente destruidos y familias separadas.
Información de El Financiero
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