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El fracaso de “abrazos, no balazos”

Por Jorge Fernández Menéndez

Era evidente y se veía venir. Luego de las amenazas sobre el tema migratorio, vendrían las amenazas por la falta de resultados en la lucha contra el narcotráfico. Y el viernes pasado, la administración Trump, como ya lo hizo con la migración, puso plazo para que México rindiera cuentas en la lucha contra el narcotráfico bajo la amenaza de que sobrevendrían sanciones comerciales en nuestra contra.

En este espacio lo advertimos hace semanas, desde el momento en el que el gobierno de los Estados Unidos comenzó a hablar de los 15 mil millones de dólares de bienes de El Chapo, que terminarán usando como leitmotiv para cobrárselos a la mala (vía aranceles) al gobierno mexicano.

“Por eso no encuentran las cuentas de El Chapo ni de la mayoría de los narcotraficantes mexicanos o de otros países”, escribimos aquí el 12 de julio pasado, porque esos recursos son en parte, rigurosamente lavados, y no precisamente por algún campesino sinaloense, en el sistema financiero estadunidense. Pero lo alto de la cifra, sumada a una declaración del departamento de Justicia de los Estados Unidos, donde asegura que ha sido por las laxas leyes mexicanas que los narcotraficantes pudieron repatriar esos recursos, debe ponernos en alerta sobre este tema.

“Ya Trump dijo que pagaríamos de una u otra forma el muro (y, con la política fronteriza, de alguna forma lo estamos haciendo) y puede decir que impondrá sanciones o nuevos aranceles para recuperar ese dinero que supuestamente se robó El Chapo y se invirtió en México. Cobrarlo a la mala. Para la campaña electoral será un gran instrumento de propaganda, y una forma más de presionar a México. Por lo pronto, comenzaron las quejas, ciertas, de que la administración Trump no tiene interlocutores en México en la lucha antidrogas y están cada día más preocupados por ello”.

En todo esto hay una analogía más que preocupante con lo sucedido con la política migratoria: la crisis se produjo por una decisión gubernamental: abrir la frontera sur de par en par para que pasara quien quisiera sin contemplar siquiera el daño que ello provocaba en seguridad nacional, interior y pública (tres conceptos que el Presidente y buena parte de los funcionarios confunden como si fueran lo mismo). La consecuencia fueron las caravanas, la crisis humanitaria de migrantes de todo el mundo hacinados en México, la amenaza de aranceles y un cambio de 180 grados en la política migratoria que, se debe insistir en ello, se tomó por las presiones de Trump, pero que eran imprescindibles por nuestras propias exigencias internas. El error fue del gobierno de México y de este mismo tenía que venir la enmienda.

Con el narcotráfico pasa lo mismo: se está dando lo que el Presidente prometió en campaña: una amnistía encubierta. No hay grandes detenciones, no hay grandes decomisos, las labores de erradicación se han restringido drásticamente, ciertos grupos de élite que se venían desarrollando desde hace años, incluso con apoyo internacional, han sido desmantelados, no estamos teniendo interlocución de inteligencia con otros países (con Estados Unidos sólo se intercambia información puntual y no hay interlocutores validados para intercambios estratégicos, y lo mismo sucede con otros países, ésa es una de las causas de que un personaje como Ben Sutchi, asesinado en Plaza Artz, haya entrado y operado con total libertad en el país sin conocimiento de las autoridades, por fallas en nuestros propios sistemas de inteligencia, abandonados, y por falta de contactos serios con el Mossad israelí, contactos que en el pasado fueron fluidos).

Es insólito que aparezcan 19 cuerpos colgados de la principal avenida de Uruapan y que la respuesta presidencial sea que es preocupante pero que “no vamos a declarar la guerra”. Lo de la guerra de Calderón o Peña es un invento propagandístico que le sirvió a López Obrador para ganar elecciones, pero no sirve para gobernar. Llámese guerra o no, el narcotráfico y el crimen organizado se tienen que combatir porque con la actual estrategia de dejar hacer, dejar pasar, lo único que aumenta y crece es el número de asesinatos, de robos, de secuestros, de extorsiones.

Y lo que viene en plena campaña electoral estadunidense (y en un marco de crecientes problemas económicos) es una nueva amenaza de aranceles de parte de Estados Unidos, que sigue teniendo más de 60 mil muertos al año por sobredosis de opiáceos que vienen de México. Y esa crisis no se resolverá, como la migratoria, enviando a la Guardia Nacional a las fronteras. Se trata de un desafío mucho más grave, peligroso y de muy difícil solución. Información Excelsior.com.mx

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