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Acarreo

Por Ricardo Pascoe Pierce

Una de las expresiones más humillantes y degradantes en el quehacer de la política es la práctica del acarreo de personas para que apoyen y voten por una causa política, aunque no crean en ella o muchas veces ni siquiera la entienden.

La razón, comúnmente, por lo que las personas acarreadas son susceptibles a esa situación debido a su necesidad. Su necesidad de subsistencia económica o por vulnerabilidad y coerción política que les hace temer la pérdida de un empleo o de un subsidio vital o al temor a la represión, encarcelamiento, tortura o muerte.

El acarreo es una práctica despiadada de gobiernos y sus partidos políticos que quieren convalidar sus decisiones con supuestas expresiones de apoyo popular. Es el uso inmisericorde por fuerzas políticas de la gente pobre o vulnerable que vive al día y teme perderlo todo si no cooperan con las exigencias del show mediático de los sujetos políticos.

Cosa muy distinta es la movilización voluntaria de creyentes o fieles de alguna causa, necesidad, reclamos de justicia o a un gobierno. Esto también sucede partiendo de una diferencia fundamental con el acarreo: los ciudadanos acuden por motu proprio, partiendo de una decisión de voluntad individual. Es un acto de conciencia entre el individuo y la colectividad.

En los sótanos de la política del acarreo subyace una violencia despiadada y desdén profundo por el sujeto convocado forzosamente. La falta de simpatía, empatía y respeto por los individuos y sus opiniones es el requisito sine qua non para que un gobierno y partido acudan a la obligatoriedad de asistencia a actos políticos para “expresar su apoyo libre” a decisiones del poder.

Dos ejemplos recientes de acarreo gubernamental han llamado la atención. Después de las manifestaciones registradas contra el gobierno de Cuba en días recientes, el Partido Comunista convocó a una multitudinaria manifestación de apoyo al sistema de ese país sobre el malecón de La Habana. Obviamente, hubo una gran presencia de cubanos en el evento. Pero, ¿cómo podría ser de otra manera? La mayoría de cubanos trabajan en empresas estatales y serían despedidos si no acudiesen a la convocatoria gubernamental. No importa si comparten, o no, los ideales del Partido Comunista cubano. Lo importante es no ser señalado como crítico y correr el riesgo de perder el empleo. Vivir fuera del presupuesto público en Cuba equivale a vivir en Siberia.

Visto así, la gran manifestación sobre el malecón habanero no resuelve nada de la crisis económica, política y social en la isla.

Volviendo a México, el gobierno y Morena preparan un operativo de acarreo para la consulta del Presidente el próximo 1 de agosto. Igual que en Cuba, el gobierno mexicano está instruyendo a sus empleados a salir a “motivar espontáneamente” a los ciudadanos a participar en la consulta. La jefa de Gobierno, Sheinbaum, grabó un video instruyendo a los empleados del Gobierno de la Ciudad de México a ser esos movilizadores. La instrucción es, obviamente, una orden. ¡Y aténgase a las consecuencias quien no obedezca la orden!

En México, igual como en Cuba. Pero hay más. La idea es también acarrear a todos los beneficiarios de los programas de dádivas del gobierno a que voten a favor del gobierno en la consulta. La instrucción es “voten a favor, por favor, a fuerzas”.

Al gobierno de la 4T no le importa la opinión libre y real de la población. Le importa el show mediático de poder decir “todos éstos me apoyan”, aunque sea producto de esa presión violenta que el Estado ejerce contra los pobres y los vulnerables.

El acarreo es violencia estatal contra la voluntad de un pueblo. Y debe repudiarse cuando se hace presente en una sociedad democrática y libre. Información Excelsior.com.mx

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