Carlos, de 33 años, perdió la vida tras luchar contra una meningoencefalitis amebiana primaria, una infección extremadamente agresiva asociada a la ameba Naegleria fowleri.
De acuerdo con la información difundida por sus familiares, Carlos trabajaba como instructor de wakeboard en un lago de Fornelos, donde presuntamente contrajo la infección. La familia señaló que estudios médicos y análisis realizados al agua del lago resultaron positivos a la presencia de la ameba.
Ante esta situación, sus familiares cuestionaron las condiciones sanitarias del lugar y advirtieron sobre el riesgo que representa para quienes utilizan el lago, entre ellos menores de edad.
La familia también expresó su inconformidad con la empresa para la que Carlos trabajaba, al señalar que, después de la clausura del sitio, se habría informado públicamente que el lugar se encontraba en mantenimiento y que los sellos de la Secretaría de Salud no estarían relacionados con una investigación sanitaria del agua.
Según el testimonio difundido por sus allegados, ningún representante de la empresa ni otros responsables del lago se acercaron a la familia tras el fallecimiento para brindarles apoyo o acompañamiento.
Carlos murió a los 33 años, dejando un profundo dolor entre sus padres, hermanos, amigos y personas que lo conocían.
Sus familiares consideran que su caso debe servir como una alerta para evitar que otras personas atraviesen una tragedia similar. El lago permanece cerrado, y la familia sostiene que el nombre de Carlos quedará ligado a una advertencia que podría ayudar a proteger a quienes frecuentan este tipo de espacios.
“Su partida no fue en vano. Carlos salvó muchas vidas”, expresaron sus seres queridos, quienes buscan que su muerte no quede únicamente como una tragedia, sino como un llamado a reforzar las medidas de prevención y seguridad sanitaria.
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