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La ira contra “papá gobierno”

Por: Yuriria Sierra

Un día, una familia que la había llevado aceptablemente bien a lo largo de los años, se da cuenta que ya no le alcanza para cubrir todos los gastos del mes. Al hijo, joven apenas saliendo de la adolescencia, al que le habían dado literalmente todo a lo largo de los años, incluso uno que otro lujo, no solamente le avisan que ya no habrá tales, sino que, para que pueda seguir teniendo lo necesario, debe ponerse a trabajar. Sí: es hora de que apoquines para el gasto, mijo o, por lo menos, que te pagues lo que cuestan tu escuela y tus cositas. El joven, desde luego, no acepta su realidad. ¿Por qué debe ponerse a chambear si el padre sigue siendo el mismo que llega de juerga a altas horas de la noche? ¿Por qué debe ser él quien, con su trabajo, haga lo que es la obligación del padre? ¿O ese dinero que ambos, papá y mamá, habían ahorrado para terminar de pagarle sus estudios, que le “prestaron” al tío Javier (el de Veracruz), quien hoy está literalmente desaparecido y no devuelve todo lo que le prestaste y todo lo que se llevó de nuestra casa? Razones para el enojo, el disgusto y hasta la protesta le sobran a ese hijo que hoy debe hacer más, mucho más, si es que quiere no sólo seguir con su vida como la ha tenido hasta ahora, sino tener algún tipo de futuro.

Así pienso que sucede con nuestro país. Los ciudadanos de a pie somos quienes tenemos que darlo todo: pagamos más por los servicios, pagamos más por los insumos, pagamos más por la comida. Pagamos impuestos y, de paso, pagamos los salarios de todos los funcionarios. Estiramos todo lo que podemos la quincena que a duras penas sube unos cuantos pesos cada año (si acaso sube). El joven, para colmo, acaba de tronar con la novia, le robaron su laptop y tiene un vecino de banca que lo bullea y amenaza permanentemente. “¡No mames, pa, neta, no mames! ¡El día que tú dejes de ponerte esas pedotas con tus cuates, y pagarlas siempre tú; el día que dejes de regalarle a tu compadre todo lo que mi mamá cocina, el día que dejes hasta de sacarme dinero a mí de la cartera para seguirte la fiesta, ese día me pides que crezca y que trabaje!”.

¿Cómo no enojarnos si nos suben la gasolina cuando siempre nos la habían subsidiado? ¿Cómo no enojarnos si tenemos tantos años —todos los de nuestras vidas— escuchando que el petróleo es nuestro que hasta menos la creímos? ¿Cómo no enojarnos, en serio, de que nos roben hasta lo que habíamos ahorrado? Peor aún, ¿cómo no enojarnos que nos pidas que crezcamos y nos hagamos cargo de nuestras cuentas, si tú, papá gobierno, has hecho un desastre con las tuyas?

Y sí: la vida siempre nos pone pruebas que nos obligan a crecer. Papá gobierno ya no me puede seguir regalando lo que antes me regalaba. Sí: yo sé que en algún momento de mi vida, tarde o temprano, tendría que ponerme a pagar yo mismo mis propias cuentas. Sí: sé que eso se llama empezar a hacerse responsable. “Ah, ¡tengo una mejor idea! (pensó el encabronado hijo) ¿y si me robo lo que ya no me van a regalar? Total, a mi papá y a sus compadres nadie los ha castigado”. Porque en serio, ¿qué responsabilidad esperas de tus hijos ciudadanos, papá gobierno, cuando lo único que les has enseñado es a transar? Y entonces el hijo se lanzó a Chedraui por unas pantallas planas. Que no tenían nada qué ver con la gasolina, “pero tenía tantas ganas de una de esas…”.

Fin de una triste metáfora.

#MeCuentan. Que a algunos les resulta increíble que la dirigencia de Pemex declare que no tiene ni idea quiénes son las cabecillas de la ordeña de los ductos, porque dentro de la empresa todo mundo sabe que quien encabeza dicha mafia es Carlos Romero Deschamps; multimillonario en dólares así como las cabecillas del Sindicato de Pemex que lidera. Desde 1996 cuando lo “eligieron” como líder petrolero, se sabe que es de los líderes más corruptos de todos los sindicatos existentes en el país y que si se comparara con Elba Esther Gordillo ésta casi parecería la madre Teresa de Calculta. Y que para comprobarlo las autoridades tendrían que checar las cuentas de Deschamps y sus secuaces, así como sus propiedades tanto en varias partes de la República Mexicana como en EU y Europa. Que por cierto la mayor parte de estas propiedades están a nombre de sus prestanombres (estilo Javier Duarte) y si las altas autoridades no pueden dar con sus cuentas, propiedades, automóviles, camiones y aviones y demás, tarde o temprano terminarán por conocerse y mandar a este rufián líder sindical a donde claramente pertenece: a la cárcel. Información Excelsior.com.mx

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