lunes , agosto 3 2020
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Del Góber Precioso al Rencoroso

Por Francisco Zea

De nueva cuenta nos encontramos con un gobierno morenista mareado por el poder. Lo he escrito en esta columna muchas veces. El poder a los inteligentes los marea, pero a los pendejos los vuelve locos. Me pregunto en qué categoría se encuentra Miguel Barbosa, gobernador de Puebla. Primero empezamos con sus desatinos respecto al coronavirus. Expresiones cargadas de ignorancia y con un aire socarrón ridículo, por decir lo menos. Después de eso, la maldita realidad le explotó en la cara y se dio cuenta de que a los ricos, él incluido, como dueño de un patrimonio bastante extenso, también les da el maldito virus. Tuvo que recular e, incluso, dijo no estar de acuerdo con las directrices del gobierno federal y, ante la debacle que se presentaba en materia de salud en su estado, endureció las medidas de precaución y sana distancia. Hoy esa determinación ha sido clave para que no se desborde en el estado la enfermedad y no colapsen, por ende, los hospitales públicos. Bien por el freno de mano mediático que metió, pero en un principio era su propia estupidez la que estaba poniendo en peligro la vida de los poblanos.

Ahora, en medio de la pandemia, en el momento más inoportuno, en el cual las redes arden y no hay un foro adecuado para la discusión inteligente y ordenada. Sus esbirros, los empleados que tiene trabajando en el Congreso local, han aprobado modificaciones a la ley de educación estatal. Supongo que, como gobernador de todos los poblanos, tiene la obligación de ser empático con todos los ciudadanos, con los pobres, los de clase media y los ricos, grupo del que forma parte el Góber Rencoroso, pues es rico quien tiene una propiedad de, por lo menos, un millón de dólares. Así que no debe de sembrar dudas e incertidumbre entre sus iguales, mientras que, evidentemente, su vocación más importante es la protección de los pobres y más desprotegidos. En ese marco, entiendo su calentura por modificar la ley de educación en dos rubros principales: en el artículo 86, que prohíbe la comercialización de alimentos chatarra y bebidas energizantes por no favorecer la salud de los educandos. Ay, Miguel, si hubiera habido un gobernador tan heroico como tú en tus épocas de educando, quizá no serías panzón y diabético y, sin duda, hubieras salvado una extremidad. Ni hablar, “ches” políticos oportunistas, no tienen madre, me cae.

Pero el cambio más preocupante es en el artículo 105 que se propone: “Los inmuebles de los planteles destinados a la educación de las autoridades estatales, municipales y de particulares —sí, leyó usted bien, de particulares— formarán parte del Sistema Educativo Estatal”. ¿Por?

Después de estos desatinos legislativos, a todas luces inconstitucionales, violando flagrantemente el artículo 27, por lo menos en la segunda modificación legal, que establece el derecho a la propiedad privada, el buen Barbosa tuvo que salir a balbucear en su Twitter algunas tonterías para justificar sus excesos. Llamó al #ConsorcioUniversitario de #Puebla a que mire por la educación y no por sus intereses económicos, las cosas en Puebla ya cambiaron y no volverán a ser como antes, cuando recibían canonjías de los gobiernos. Ay, Miguelón, Miguelón, no seas mamón. Ya deja a los muertos. No seas necrofílico. El propio Presidente se burlaba de Calderón por andar paseando los huesos de los héroes de la Independencia y tú no dejas en paz a Moreno Valle y Martha Erika. Dicen que no hay muerto malo. Sin duda, los hay, la pareja en comento no era precisamente buena, pero ya párale, déjalos descansar y tú ponte a gobernar.

Que establezcas medidas tendientes a que la gente no pierda sus papeles si pierde la capacidad de pago, entre otras linduras, es bueno, sin duda. Pero no atentes en contra de la propiedad privada y de la libre empresa que, supongo, te ayudaron a comprar tu linda casa en Coyoacán. Hay que poner límites claros, apoyar a los gobernados, pero no ser un payaso populista capeado en dueño de inmuebles millonarios, eso se llama hipocresía. Si tú dejas de ser payaso, Miguel, prometo que cuando sea jefe de Gobierno de la Ciudad de México no voy a expropiar tu casa para hacerla un museo, en donde podamos los capitalinos conocer la vida de Miguel de la Madrid, el Presidente que nos salvó de la debacle ocasionada por el loquito que iba a administrar la abundancia y acabó midiendo la decadencia.

Miguel, Miguel, se pueden hacer cosas y proponer muchas más. En el marco de la ley y sin lesionar a todo el mundo por el odio necrofílico que tienes que, reitero, no tienes que llevar al límite porque los muertitos te robaron la elección. No es momento, hazlo bien, tienes pasto y pastura. Compórtate y bájate del ladrillo, porque con una sola pierna te mareas más fácil. Apuéstale a lo grande y no a las tonterías, Miguel, ya estás grande. Información Excelsior.com.mx

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