martes , septiembre 22 2020
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La caída, anunciada, de El Marro

Por Jorge Fernández Menéndez

La detención de José Antonio Yépez, El Marro, el líder del Cártel Santa Rosa de Lima, era, de alguna forma, un golpe anunciado. El Marro estaba cercado desde tiempo atrás y con la caída de prácticamente todos sus principales operadores y de sus familiares y amigos, su suerte estaba echada. Su detención, en el poblado de Franco Tavera, en el municipio de Juventino Rosas, mientras que con unos sicarios cercanos mantenía secuestrada a una mujer de la que esperaban cobrar rescate para financiarse, demuestra la debilidad estructural en la que quedó esta organización y su líder, solo, aislado y ya casi sin recursos.

El CSRL no era un cártel tradicional. Si bien El Marro y otros de sus colaboradores habían sido sicarios y operadores de otras organizaciones mayores, su suerte cambió cuando Yépez regresó a Guanajuato y comenzó a trabajar en el robo de gasolina, en el huachicoleo. Si bien mantenían algunas acciones de narcomenudeo, su grupo, relativamente pequeño, formado en torno a sus familiares y amigos, tuvo fuerza porque se coludió con mandos policiacos locales, algunos presidentes municipales y con trabajadores de Pemex, sobre todo de la refinería de Salamanca. Así fue creciendo y consolidándose una red a la que no pueden ser ajenos empresarios y gasolineras que, sobre todo en el Bajío, compraban, por coerción o complicidad, el combustible robado que les vendía la organización de El Marro.

Durante muchos meses el negocio fue viento en popa hasta que hace dos años, aproximadamente, el Cártel Jalisco Nueva Generación en su expansión, sobre todo hacia los estados limítrofes de Jalisco, le planteó a El Marro que se fusionaran. EL Cártel Jalisco Nueva Generación actúa, hay que recordarlo, como una suerte de marca franquicia que va incorporando, por el convencimiento o por la fuerza, a bandas locales para que se asocien y operen con su marca y amplíen así sus zonas de influencia. Esa propuesta fue rechazada por El Marro, quien se sentía ya con una organización poderosa y que no entraba en conflicto con el CJNG. El negocio era muy provechoso: en su mejores épocas le dejaba a la gente de El marro hasta diez millones de pesos diarios.

La respuesta del CJNG al rechazo fue la guerra, la cual disparó los índices de violencia en todo el estado, en una lucha planteada municipio por municipio y que convirtió a Guanajuato en el estado más violento del país.

Al mismo tiempo, ello obligó a El Marro a cambiar tanto la organización de su grupo criminal, utilizando recursos crecientes en sus grupos de sicarios (originalmente eran muy pequeños porque sencillamente no los necesitaba), pero también recurriendo a otro tipo de delitos para financiarse, desde el secuestro y la extorsión, hasta el robo de tráilers, pasando por el robo de cajeros automáticos. Eso provocó también que El Marro se alejara de la base social que había construido con base en la distribución de generosos recursos.

Desde que comenzó a ser perseguido, por un lado por el Estado y por el otro por sus enemigos del CJNG, tuvo que recurrir tanto a la violencia, como a la expoliación de la sociedad, al tiempo que perdía también buena parte de sus apoyos en áreas de seguridad municipales y estatales, en parte detenida, en parte aniquilada por los grupos de Jalisco.

La caída de El Marro era inevitable en la misma medida en que fue cayendo su gente, sobre todo su entorno familiar: su madre, su padre, sus hermanas, sus parejas, sus primas, todos manejaban parte del negocio, sobre todo en el ámbito del lavado de dinero y éste, progresivamente, se fue secando.

El último golpe, después de que fue detenida durante unos días la madre de El Marro, fue el congelamiento de numerosas cuentas por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera, acción que los dejó prácticamente sin recursos.

La detención de El Marro y la destrucción de prácticamente toda su organización es una historia de éxito, pero hay que asumir que el CSRL era, es, una organización criminal atípica, incluso no podría ser considerado, en términos muy estrictos, un cártel. Es una organización local que no se dedicó nunca al gran narcotráfico, que estaba localizada en torno a un delito muy redituable como el huachicol, pero originalmente no en las otras actividades tradicionales de los grupos del narcotráfico.

No creo que, más allá de bandas dispersas, el CSRL tenga futuro. Ese territorio será parte del CJNG y quizás, como pretendían algunos viejos socios de El Marro, pudiera hacer presencia el Cártel de Sinaloa para disputar algunos espacios.

Pero, en realidad, lo más importante es romper las estructuras de corrupción que permitieron el crecimiento de este fenómeno: las complicidades de funcionarios, trabajadores, conocedores de las redes de producción y distribución de Pemex, sobre todo en torno a la refinería de Salamanca. Sólo a partir de allí se podrá, en el futuro, evitar que este tipo de organizaciones sigan replicándose. Información Excelsior.com.mx

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